
Bandera de la Nación Mapuche
Un pueblo jamás conquistado.
Por César Cruzat
Estudiante de Historia, Universidad de Playa Ancha
Si bien el conflicto existente entre el estado chileno y el pueblo mapuche tiene sus orígenes en la invasión española a nuestro territorio y la inmediata respuesta Indígena, encontrando a mi parecer el punto más significativo en el “Desastre de Curalaba” en 1598; este conflicto no terminó ahí, ni en los siglos anteriores, si no que se ha prolongado y extendido en el tiempo, adoptando los problemas propios de cada época a el problema matriz, la omisión de las demandas ancestrales del pueble Mapuche.
Hoy por hoy este ancestral conflicto se enciende con fuerza tras la invasión del ejército chileno, y los grupos oligárquicos (con la burguesía agraria a la cabeza), en el territorio Mapuche, con el fin de de incorporar este territorio (por la fuerza) al sistema de producción capitalista, toda vez que así se completaba el proceso de formación del Estado Chileno. Con esta Incursión militar el Estado desplazó a la población de sus espacios originales y remató la mayor parte de las tierras beneficiando a colonos criollos y extranjeros.
Un segundo proceso crítico surgió con la usurpación de tierras a las reservas o comunidades que legalmente el estado había asignado a grupos familiares, bajo la autoridad de un lonko y sobre un titulo de propiedad, el titulo de merced (1883 – 1930). Por esta razón la demanda central de los movimientos mapuches ha sido y es, la recuperación de estas tierras, demanda que no ha encontrado eco en ningún grupo político por izquierdista o indigenista que este se denomine, por tanto el pueblo mapuche en esta lucha esta prácticamente solo pero no aislado, pues en los últimos lustros a contado con el apoyo de cariados grupos de la comunidad internacional (sobre todo en Europa) quienes ven en esta lucha histórica, una lucha justa y necesaria.
Con el fin de la dictadura y el ansiado retorno a la democracia (aunque esta llegó al alero de una constitución retocada en su esencia en la dictadura de Pinochet) la situación indígena no cambia, toda vez que esta democracia privilegió el modelo neoliberal vigente los acuerdos tomados son el pueblo Mapuche no fueron materializados.
Un paréntesis a esta cadena de injusticias los establece la ley indígena 19.253 aprobada en 1993, que reconoce los derechos territoriales y culturales de este pueblo, pero en estricto rigor, es una legislación con grandes limitaciones, puesto que no establece la demanda ancestral ya mencionada: la recuperación de las tierras usurpadas, y conceptualiza la realidad mapuche como fenómeno social, de carencia de recursos, más que cultural y político.

A demás la desesperanza no tarda en instalarse nuevamente en los corazones del pueblo Mapuche (quienes sembraron sobre la llegada de la democracia la visión de un mejor porvenir para sus intereses y necesidades) al constatar que tras 17 años de democracia, el gobierno no ha sido capaz de ratificar el convenio 169 de la OIT y establecer una reforma constitucional que reconozca la diversidad cultural y la multicultural del Estado chileno, lo que permitiría potencialmente lograr un nuevo estatus político del pueblo Mapuche ante el estado chileno.
Por otro lado, encontramos en este conflicto un fenómeno observado ya en otros procesos históricos de gran relevancia y es el papel que cumple la prensa oficialista como medio de propagación y más aun de modelación de ideas en concordancia con las políticas de estado. De esta manera vemos Se impone la imagen en el inconsciente colectivo del “Mapuche violento”, visión que se proyecte desde la base o principio colonial vigente que distingue entre uno mapuches buenos (sometidos, asimilados e integrados a la sociedad) y unos malos (sujetos activos en la reivindicación de sus derechos, asociados a conductas de violencia indígena). Y junto a esta imagen se intenta vincular a este grupo de “Indígenas malos” con organizaciones extremistas o revolucionarias foráneas como lo son: la ETA y el EZLN. Pero tras un somero análisis de este tipo de prensa no es difícil ver la intención de fondo que tienen estos medios de comunicación que no apuntan más allá del desprestigio y la desvalorización del pueblo mapuche y sus demandas, mientras crean las condiciones propicias para la remilitarización del territorio Mapuche.
Esta remilitarización del territorio de Arauco obviamente debe ser legalmente justificada bajo el Estado de derecho, para así evitar la condena internacional, es por esto que totalmente fuera de contexto se han estado aplicando constantemente en la región, políticas antiterroristas, que solo han podido agudizar al conflicto alejándose de manera abismante de una real y concreta salida del conflicto, ya que la historia nos ha demostrado que en todo proceso la intensificación de las medidas represivas es respondida con la intensificación de la resistencia, en otras palabras el estado con sus políticas y leyes solo ha logrado legitimar la lucha del pueblo Mapuche, resultado muy adverso toda vez que estas apuntaban a su desprestigio.
Por otra parte las soluciones que el gobierno ha entregado no son en ningún caso satisfactorias, prueba de este hecho son los diálogos comunales que instaló el gobierno de Freí a fines de los noventa, pero con la llegada de Ricardo Lagos al poder las condiciones perecieron ser diferentes cuando creó en el año 2001 la comisión de verdad histórica y nuevo trato, cuya misión buscaba revisar la historia de la relación entre le estado y el pueblo mapuche, y proponer estrategias que pudieran solucionar el histórico problema, sin embargo todo fue truncado puesto que el propio presidente Lagos desnaturalizó el rol de esta comisión y las propuestas que se discutieron las redujo a políticas domesticas y clientelistas sin el carácter de reparación histórica, en otras palabras se subestimo la relevancia del conflicto nuevamente.
Últimamente la oposición mapuche a la construcción del aeropuerto en Quepe creó un espacio frente al estado que fue aprovechado por varias organizaciones mapuche para elaborar un documento global de la las comunidades que fue enviado a la presidenta (este hecho tiene una significancia paralela, ya que maraca un paso en la unidad mapuche cuyo principal problema en cuanto a su orgánica es precisamente el no contar con un único organismo aglutinador, sino que son varias células de acción), pero nuevamente se han entregado soluciones de tipo asistencialista, muy lejanas a una verdadera y eficiente solución del problema.
En el fondo, la imposición de este modelo de “democracia de mercado” presenta, por una parte, una especie de metamorfosis del neoliberalismo en la región y por otra, un mosaico de fuerzas económicas que se expanden en el territorio ancestral mapuche.
De hecho Eric Hobsbawm ha señalado que esta cruzada de aplicar de manera estandarizada y esperar los éxitos del sistema democrático en el mundo es una peligrosa empresa, sobre todo cuando el Estado asume que tiene el aval de las fuerzas espirituales para implementarlo.
En definitiva el problema que flagela al pueble Mapuche (primeros hombres asentados en estos territorios) se centra en la reivindicación territorial que si bien es sabida por el estado, su solución no detenta un bien económico, si no mas lo contrario, por tanto el accionar del estado se ha movido entre la sordera y la subestimación, alejándose peligrosamente de una solución, mientras, los grupos mapuches se van radicalizando y en consecuencia se ensancha el problema.

Protesta realizada en la Moneda a raiz de la sangre mapuche derramada durante los gobiernos de la Concertación.
Ya he dejado de manifiesto la legitimidad de las demandas del pueblo mapuche, cuyo icono de resistencia se encuentra en Temu kui – kui, mismo sitio en donde se están llevando a cabo cruentas represiones por parte del estado, encubierto por una prensa oficialista que solo ha desprestigiado a este pueblo originario, no me queda, mas que hacer un llamado de atención puesto que mientras no exista por parte del estado la verdadera intención de dar solución al problema mapuche, sobre el cual se tiene bastante claridad pero se da el favor a los grandes grupos económicos, no habrá paz en el sur chileno, siendo de esta manera el pueblo mapuche, un pueblo jamás conquistado.