¿Qué le paso a los Comunistas en los 90?: “Se hicieron capitalistas y socialdemócratas”

La cuestión. ¿Cómo golpeó el neoliberalismo de la década de 1990 en los partidos comunistas?

La respuesta: “Se hicieron capitalistas y socialdemócratas”

Suplemento Qué Pasa, 2/10/10

Esta “Historia política y cultural del comunismo” (Crítica, 1.350 pesos), es un entretenido y exhaustivo repaso a las causas y consecuencias de un movimiento que surgió con la Revolución Francesa, maduró con Karl Marx y experimentó -con suerte muy dispar- la administración política de muchos países. Priestland es un académico inglés de los amenos, siempre apelando a anécdotas y con referencias claras. El resultado es un relato de tropezones, errores, horrores, un par de victorias y una caída en desgracia en las últimas décadas.

La revolución neoliberal global de las últimas dos décadas fue naturalmente traumática para los comunistas, que emprendieron diversas adaptaciones, unos abrazando al mercado y otros capeando el temporal y resistiendo a los embates de la globalización. Allí donde el neoliberalismo tuvo un éxito razonable y se evitó el colapso político, los comunistas abandonaron tranquilamente el marxismo radical y se apuntaron al mercado. En Europa central y oriental renunciaron al rojo sustituyéndolo por el rosa y se reconvirtieron en socialdemócratas pro capitalistas. Aunque criticaban la terapia de choque y prometieron suavizar los efectos de la liberalización económica, cuando volvieron al poder a mediados de la década de los años noventa (en Hungría, Polonia y Bulgaria) hicieron poco por cambiar el sistema. El punto más alto de la revancha rosa llegó con las elecciones presidenciales polacas de 1995, cuando el poscomunista Aleksander Kwasniewski derrotó al anticomunista Lech Walesa. El partido comunista que tuvo más éxito en su metamorfosis socialdemócrata fue, como cabía de espera, el italiano, reconvertido en febrero de 1971 (a costa de una pequeña escisión, Rifondazione Comunista) en Partito Democratico della Sinistra y en febrero de 1998 en Democratici di Sinistra, bajo cuyas denominaciones dominó las coaliciones de gobierno de 1996 a 2001 y de 2006 a 2008. Los viejos símbolos del trabajo -la hoz y el martillo- fueron primero arrinconados en el emblema y luego sustituidos por la rosa socialdemócrata, bajo una imagen del arraigo conservadora: un roble.

También en Asia, el capitalismo triunfante reconcilió a los comunistas chinos, vietnamitas y laosianos, aunque no con la democracia liberal; los gobiernos comunistas elegidos en los estados indios de Kerala y Bengala occidental promovían asimismo la economía de libre mercado. El cuerpo momificado de Mao todavía ocupa el mausoleo en la plaza de Tiananmen y su rostro sigue presidiendo los billetes de banco, pero su influencia ideológica se ha reducido prácticamente a cero. Cierto es que la ideología oficial se sigue denominando “marxismo-leninismo-pensamiento de Mao Zedong” y que en Beijing hay un instituto académico dedicado a su estudio, pero se trata de un marxismo tecnocrático, despojado de cualquier compromiso radical con el igualitarismo. La línea oficial viene a decir que una vez que China se haya enriquecido llegará el momento de pensar en el comunismo, pero nadie se atreve a predecir qué sucederá entonces. Entretanto, los esfuerzos por infundir mayor vigor ideológico al partido han fracasado. En 2005, el presidente Hu Jintao lanzó una campaña al estilo de Mao, pidiendo que todos sus miembros pasaran las tardes de los jueves y los sábados estudiando la historia del partido y haciendo autocrítica, pero quedó desconcertado al comprobar que prácticamente nadie se lo tomaba en serio y que las páginas comerciales de Internet hacían un gran negocio vendiendo autocríticas prescritas.

El vacío ideológico resultante se llenó con un pujante nacionalismo y con curiosa reaparición del confucianismo oficial. Tras décadas tratando de erradicar esa vetusta ideología de patriarcado, obediencia y orden, el partido la asume progresivamente.

Comunistas y ex comunistas rigen algunas de las economías más y menos prósperas del mundo; pero tanto en un caso como en el otro el marxismo radical desapareció. Sólo en sociedades agrarias pobres, donde a las desigualdades económicas se añadían las de casta o raza, podía tener todavía atractivo el marxismo revolucionario.

Historia en serio

El de Priestland es uno de los casos más elocuentes de una investigación seria y ambiciosa, algo que escasea en Uruguay cuando se encara, desde la industria editorial, la historia reciente.

(“Bandera Roja: Historia política y cultural del comunismo”, David Priestland, Editorial Crítica, Barcelona, 2010.)

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2 pensamientos en “¿Qué le paso a los Comunistas en los 90?: “Se hicieron capitalistas y socialdemócratas”

  1. Tengo la impresión que Marx solo hizo un ensayo filosófico que fue aprovechado por algunos genios políticos para transformarlo en una doctrina política.
    Prospero al principio en ambientes pobres,monetaria-intelectual-y culturalmente.
    Al descubrir este fenómeno,era obvio de crear estas condiciones, aun en los otros estratos,para subsistir políticamente.
    Con aquello ,el comunismo se cavo su propia tumba y para no morir empleo la violencia física e intelectual y eso tampoco dio el resultado esperado y hoy vemos a un comunismo lo que es en realidad, una aberración inaplicable.

  2. La Dimensión Politica del Comunismo, es bifurcación organizacional posible que prolifera en ambientes culturales e historicos , sobre los cuales la madurez y conciencia social de los caminos y avances del mismo , en la complejidad de su población , debe aun encontrar formas de consiliar los egoismos en los ismos de las doctrinas.

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